La muerte seductora, democrática, amiga…, abre en este poemario, para todos nosotros, su gran sonrisa cómplice. Ella, ventana hacia el “el solemne concepto del jamás”, se anima en estos versos, por singular contraste, a hacer brillar la vida, a intensificarla y embellecerla de tal modo que la gran O de burla del temido ataúd se redime en una carcajada, y, cual nave insensata, flota sobre las cañas que eterniza el recuerdo y verdea la nostalgia. Otra vez, el poeta deja su alma en los huesos —alegoría nunca mejor usada— para ofrecerla ante el gran espectáculo del mundo. Trozo a trozo, arranca pedazos de sí mismo y los obsequia en poético festín, extraña música que abrazando la nada, naciendo hacia el dolor, enciende allá en lo hondo una chispa indeleble que es, tiene que ser, renacimiento y esperanza. Potente, visceral, íntimo hasta las heces, este nuevo poemario sale a bailar merengues con la muerte, a dominarla bien por la cintura mientras ella se ríe, enamorada, calándonos con nuestros propios ojos, neblinosos, eternos, pronto suyos para siempre jamás. Flotando sobre las cañas poemas con la muerte La muerte siempre estuvo ahí, en silencio, esperando ser parte de mi camino... Este libro es la mejor manera de reconciliarme con ella, intentarlo. Estos poemas son un testamento de lo experimentado en los últimos tres años: un recorrido a través de la perdida y el duelo, los fracasos y los triunfos, los viajes en calma y los días de ansiedad, la muerte, la vida, las fiestas, el humor, el sexo y el amor. Es un placer compartir este libro, espero que sea buena compañia. Frank García