El fascismo se sienta a la mesa reúne una cuidada selección de la obra poética de Jesús Sepúlveda. Desde su título provocador —nacido de un poema esencial—, el libro nos sitúa ante una escena íntima y reconocible: la mesa familiar, pero lo cotidiano se quiebra y deviene en una inquietante parafernalia donde convergen la decadencia política y el absurdo. El resultado es un retablo de tensiones que conduce a la deshumanización y la alienación. La escritura de Sepúlveda se despliega en registros múltiples: canta y arde en el silencio, indaga y revela, sacude la nostalgia, confronta la historia y el presente. Su poesía explora sin concesiones las posibilidades del lenguaje: a veces se eleva hacia lo sublime; otras, irrumpe con una contundencia casi hiriente. Predomina, sin embargo, una luminosa vocación experimental que expande y hace estallar los significados. Existe en estos poemas una luz que nos acompaña cuando cerramos los ojos , una cadencia profunda que sostiene; pero también una fuerza que irrumpe y sacude: «Vomito el rostro abultado de la violencia». Estamos ante una voz que rehúye cualquier encasillamiento, que se nutre de diversos registros y que nos invita a asumir la poesía no como un mero ejercicio cultural, sino como una brújula para orientarnos en el porvenir.